Plácido Pistón Notas Biograficas
Ver Notas de Prensa
Proximas
Exposiciones
Currículum
Profesional
Ver
Fotos Divertidas
Escultura
Acero Corten
Escultura
Acero Inoxidable
<
Pablo Picasso > <
Eduardo Chillida > <
Pablo Gargallo > <
Salvador Dalí > <
Juan Gris > <
Joan Miro > <
El Dorifor >
|
Se comprende mejor la
escultura al saber cómo se ha realizado la obra, al conocer la técnica
empleada. El resultado no se produce por azar, es la culminación de un
procedimiento. El contemplador debe sentir curiosidad, y no ha de conformarse
con las consecuencias extraídas de la mera apreciación visual.
La mayoría de las herramientas son punzantes o
cortantes. El artista ataca la materia presionando la herramienta directamente o
golpeándola con un martillo. Frente al esfuerzo mental que guía al pincel del
pintor, el esfuerzo del escultor es fundamentalmente físico. A la lucha con la
dureza del material hay que añadir la incomodidad que supone moverse en torno
del bloque y accionarlo con las manos. El escultor, frente al pintor, es un «obrero».
Ésta es la razón que adujeron los detractores de la escultura para separarla
de las artes liberales. Pero lejos de desacreditarla, la materialidad del
esfuerzo es algo que ennoblece a la escultura. Sin duda, esto determina que el
porcentaje de escultores sea escaso si se compara con el de aquellos que se
consagran a actividades artísticas menos esforzadas.
Son diferentes las herramientas con que se trabaja un
material blando y uno duro. Madera y mármol cuentan con herramientas propias.
La primer tarea es el desbastado, o eliminación de grandes masas de
materia. Al principio se procede con golpes rápidos y certeros, ya que se
desbasta materia claramente alejada de la figura que se quiere alcanzar. Esta
operación se hace en la piedra y en el mármol mediante el puntero,
instrumento puntiagudo, que horada y desportilla. Se prosigue con cinceles
que son instrumentos cortantes de filo recto, y con gubias, cuyo corte es
en cambio curvo, lo que permite ir formando las superficies convexas y cóncavas.
En escultura de mármol y piedra se usa el cincel dentado, que tiene
dientes puntiagudos o rectos. Esta herramienta deja en la superficie surcos de
gran extensión y permite un desbastado próximo a la forma definitiva; ya deja
entrever el volumen y la sombra.
En ocasiones hay que practicar excavaciones profundas.
Para ello está el taladro, que actúa a percusión, con una punta larga.
Los griegos descubrieron un instrumento muy adecuado para la talla del mármol: el
trépano, especie de berbiquí, que hace girar una punta de acero aplicada a
un lugar concreto. El trépano deja la huella de un agujero. Está recomendado
para ciertas partes, como las fosas nasales, el interior del oído, las barbas y
cabellos, donde el uso de instrumentos de corte a percusión es inadecuado,
porque el material se rompe. Curiosamente, el trépano es instrumento poco
usado, pero se han servido de él grandes artistas como Miguel Angel y Bernini.
Las perforaciones y cortes profundos están presentes ya en la estatuaria del
período helenístico.
Las superficies han de
ser alisadas. En la madera se hace esto con limas, escofinas
y lijas; y en el mármol se acude a la piedra pómez, al esmeril
y a todo género de «abrasivos», es decir, materiales con que se frota
insistentemente la superficie hasta dejarla brillante. Este alisado de las
superficies es una tarea puramente mecánica y puede ser confiada a un
colaborador, pero es una operación importante. La estatuaria egipcia ofrece
solemnes imágenes de granito cuya superficie reluce suntuosamente merced al
trabajo de verdaderos equipos. El espectador tiene que reconstruir mentalmente
el procedimiento implícito en estas obras. Salidas de un taller áulico, en el
acabado intervienen legiones de artesanos puliendo las superficies.
Y no han de olvidarse los medios auxiliares como la «máquina
de sacar puntos». En escultura es del todo imprescindible servirse del modelo,
es decir, de una escultura, pequeña o grande, que ofrece la forma y el volumen
que ha de tener la obra definitiva. Una vez elegido el bloque en que ésta ha de
ser labrada, el escultor tendrá que desbastarlo. Pero ¿dónde aplicar el golpe
para «quitar»? Hay procedimientos científicos, con compases y reglas, pero es
especialmente inestimable la ayuda de la máquina de sacar puntos, empleada ya
por los griegos. En rigor, esta «máquina» no es más que una caja de varillas
ortogonales, a las que se sujetan puntas o agujas. Se eligen puntos
determinados, que se fijan en la caja y en el bloque. De esta suerte, el
escultor atacará el bloque con seguridad, desbastando con el puntero y los
cinceles y guiándose por la frontera de puntos, hasta definir el bulto.
Naturalmente, es imposible determinar, ante una escultura, si se ha empleado o
no tal máquina, pero, de todos modos, conviene saber que es un procedimiento
absolutamente lícito, que pertenece a la trayectoria técnica de la escultura.
Al menos, desde el punto de vista de las proporciones, la máquina garantiza la
correspondencia entre el modelo y la obra definitiva.
En cuanto a las obras efectuadas mediante modelado, las
herramientas son sencillas: puntas de madera, paletas, trapos húmedos; pero la
herramienta principal es la mano. Rodin modelaba con las manos. El barro recibe
así el hálito creador del artista en toda su inmediatez.
|